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El Cristo de La Habana, con la ciudad a sus pies

El Cristo de La Habana, con la ciudad a sus pies

Por Marina Batista de CubaIntensa

Imposible resulta no reparar en su imponente figura. A 50 metros sobre el nivel del mar, y con 20 de estatura, se yergue, desde el otro lado de la Bahía de La Habana, la mayor escultura al aire libre realizada por una mujer.

El Cristo de La Habana, de la reconocida artista pinareña Jilma Madera, no extiende sus manos hacia nativos y visitantes, como sus similares de Brasil, Portugal o Angola, sino que su autora prefirió imprimir a esta versión de piedra del Hijo de Dios un gesto reposado y colocarle una mano en el corazón.

Esculpido en Roma, en mármol de Carrera, fue bendecido por el papa Pío XII, y trasladado a Cuba en 67 piezas, que fueron ensambladas y reforzadas con una armadura de metal.

Lo inauguró Fulgencio Batista el 25 de diciembre de 1958, solo 15 días antes de que el  triunfo revolucionario del 1ro de enero pusiera fin a su gobierno. Cuentan que para los habitantes de la ciudad de aquel entonces El Cristo había hecho pronto su primer milagro.

Cristo de La HabanaSus rasgos no responden a la imagen tradicional. Al observar el rostro del Cristo habanero se descubren unos labios de gruesas dimensiones, ojos oblicuos y pómulos sobresalientes, como una especie de oda al mestizaje que corre por las venas de la Isla. Otro detalle, la cuenca de sus ojos está vacía, así, desde cualquier posición en que nos encontremos parece que nos mira fijamente.  

Un ambiente en extremo colonial envuelve la escultura, pues se encuentra ubicada a un costado de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, y la rodean, a un lado y otro de la bahía, el Castillo de los Tres Reyes del Morro, el de La Punta y el de la Real Fuerza, baluartes que durante siglos defendieron a la ciudad, convertidos hoy en museos y plazas culturales.

También, a sus pies, se encuentra el poblado de Casablanca, perteneciente al municipio Regla, tendido sobre un declive, pintoresco, cotidiano, antiguo. El paso por él es obligatorio si se accede al complejo donde se encuentra la escultura atravesando la bahía desde la Habana Vieja. En ese caso, se recomienda al visitante realizar un alto en el recorrido y dejarse atrapar por el magnetismo de este caserío humilde que parece emergido de las aguas.

Para realizar esta travesía puede emplearse el medio que desde hace muchos años utilizan tradicionalmente  todos los habaneros: la lanchita de Regla, arraigado ya como un símbolo representativo de la ciudad.

O bien puede hacerlo cruzando el túnel de La Habana, que comunica ambos extremos de la bahía, e incorporándose a la Vía Blanca. La misma que conduce a las playas del litoral este, a unos 20 kilómetros de la ciudad.   

Sin discusión, desde el mirador ubicado a los pies de la majestuosa escultura del Cristo redentor, se puede disfrutar de una de las vistas más privilegiadas de La Habana. En los alrededores se extiende una red de establecimientos gastronómicos y recreativos que contribuyen a complementar una placentera estancia.

Recientemente terminó el proceso de restauración de la monumental estatua y del complejo arquitectónico donde se encuentra, a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Esta acción mereció el Premio Nacional de Restauración de 2013, otorgado por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

Así, el Jesús de Nazaret de la isla caribeña puede ser apreciado actualmente en uno de sus mejores momentos de conservación. Contemplarlo desde cerca proporciona dos gratificaciones nada despreciables: el encanto que este gigante de mármol de exquisita figura posee y la inigualable sensación de tener La Habana a los pies.

Fuente | Marina Batista / CubaIntensa

Comentarios

Muy bonito su artículo, tiene

Muy bonito su artículo, tiene un gran significado para todos los cubanos. Felicitaciones muy merecidas.

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